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04 febrero 2013

One of us

 
 
 
   Hace mucho que no escribo, siempre me cuesta volver tras los descansos vacacionales. Continúo atenta a los blogs que  me interesan pero no encuentro el momento para actualizar los míos. Sin embargo hoy he decidido que el motivo era suficientemente importante para retornar, y voy a postear lo mismo en los dos blogs.
 
UNO DE NOSOTROS
 
 
 
    "One of us" (Uno de nosotros) es una iniciativa que pretende la protección jurídica de la dignidad, del derecho a la vida y de la integridad de todo ser humano desde la concepción, en los ámbitos de competencia de la UE.
 
     Esta iniciativa nace de la sociedad civil y promueve una cultura de la vida en la Europa de hoy, que ponga en su centro a cada persona en su dignidad.
 
    El objetivo principal es respetar al embrión humano en su dignidad e integridad. Para ello trata de que la UE se comprometa a no realizar más financiaciones de actividades que suponen la destrucción de embriones humanos, como en investigación, ayuda al desarrollo o salud pública.
 
    Se necesitan un millón de firmas de entre al menos siete países europeos para que la Comisión Europea atienda la petición. En cada país hay además un número de firmas fijado, y en España se necesitan 40.500 firmas.
 
    Nosotros ya hemos firmado. Ahora te toca a ti, firma y pásalo para que otros puedan también unirse. Cada uno cuenta, es uno de nosotros.
 


28 septiembre 2012

La historia de Baby Doe


    Hace unos días leí en uno de los blogs de los que soy asidua algo que me impactó muchísimo. Hoy voy a reproducirlo aquí para compartirlo con mis lectores habituales y aquellos que aterricen de casualidad.
 
 Baby Doe nació el 9 de Abril de 1982 en Bloomington, Indiana. Padecía un Síndrome de Down asociado a una fístula traqueo-esofágica por lo que no podía alimentarse. Una operación quirúrgica relativamente sencilla (a la que los médicos auguraban un 90% de posibilidades de éxito) hubiera solventado esta última patología y le hubiera permitido recibir alimento con normalidad. Sin embargo, sus padres rechazaron la cirugía. Aunque el bebé hubiera superado la operación, seguiría padeciendo Síndrome de Down, y preferían que el niño muriera antes que permitir que viviera con esa condición.

Baby Doe, nombre ficticio con el que se conoció el caso públicamente, estaba desamparado y su vida peligraba por culpa de sus propios padres. Tanto el hospital donde nació como los médicos (excepto el ginecólogo que había tratado a la madre), defendían la necesidad de operar al bebé y el derecho de éste a recibir atención médica como cualquier otro paciente. El caso se llevó con urgencia a los tribunales.

El obstetra que había atendido el parto reafirmó ante el juez que, en su opinión, la cirugía para solucionar la fístula traqueo-esofágica no tenía sentido ya que “la posibilidad de una calidad de vida adecuada era inexistente debido al severo e irreversible retardo mental del niño”. Sus prejuicios y el deseo de los padres de que su hijo muriera prevalecieron. Baby Doe ni siquiera contó con un tutor que velara por sus derechos durante la audiencia. El bebé murió a los seis días de inanición.

Hay que decir que antes de la muerte de Baby Doe, los abogados del hospital y representantes de los médicos apelaron la decisión del juez, pero los padres ganaron la apelación y no hubo tiempo para salvar al niño. Para entonces, varias parejas se habían ofrecido a adoptarlo.

Dos años después de la injusta muerte de Baby Doe, se aprobó la Ley conocida como “The Baby Doe Rules”, que condena como negligencia la no aplicación de tratamiento médico a un niño, cualquiera que sea su condición.

Muchos preguntan cuál es el verdadero nombre de Baby Doe. Ninguno. Sus padres ni siquiera llegaron a dárselo.
     Es descorazonador pensar que esos padres ni siquiera pusieron nombre a su hijo. Es descorazonador pensar que pese a que los médicos insistían en que se debía realizar la operación (sencilla y con una enorme garantía de éxito) quienes decidían por el niño prefirieron que muriese porque tenía Síndrome de Down y por tanto no iba a tener lo que ellos creían que era una vida de calidad. Es descorazonador pensar la felicidad que dejaron pasar de largo con ese hijo, y que acabase así una vida llena de posibilidades.

21 marzo 2012

Aborto selectivo: señores de la muerte


Hará cosa de un año me contaban una historia terrible. Una mujer, embarazada de gemelos, había decidido abortar a uno de ellos porque tenía Síndrome de Down (SD). Cuando, un tiempo después, le estaban realizando pruebas rutinarias para ver cómo se desarrollaba la gestación del gemelo sano se percataron de que el hijo que seguía creciendo en el seno de la madre era el pequeño con Síndrome de Down.
La madre (si así podemos llamarla) decidió, llena de dolor por haber perdido a su hijo sano, abortar, esta vez sí, al  niño con SD.
La primera vez que lo escuché me estremecí de dolor, por ese niño no querido por su madre, por ese otro al que mataron por miedo a sufrir y a que sufriese siendo hermano de un niño con SD (¿habrían sido capaces de decirle algún día que fue gemelo de otro niño?) y por la mujer que no llenará nunca el vacío de dos hijos asesinados en su vientre.
Hace poco, en España, la historia se ha repetido (¿cuántas veces habrá ocurrido algo similar sin que tengamos noticias de ello?). Esta vez el embarazo gemelar se conseguía al octavo intento in vitro. Pero uno de los dos bebés tenía problemas cardíacos y los padres decidieron que se practicase un aborto selectivo. El médico erró el tiro. Tras practicar otro aborto piden responsabilidades al médico y una indemnización. Buscan justicia.
Pero, ¿quién hará justicia a esos dos niños? Todavía hoy no entiendo que tantos 'médicos' y 'personal sanitario' se lucren con la matanza de niños indefensos. Y ¿dónde queda el juramento hipocrático? De todos es bien sabido que el Código de Ética y Deontología Médica de la Organización Médica Colegial compromete a los médicos con una serie de, digamos, principios éticos. Ese código se basa en el llamado 'juramento hipocrático', y en él encontramos entre otras cosas lo siguiente:
No daré ninguna droga letal a nadie, aunque me la pidan, ni
sugeriré un tal uso, y del mismo modo, tampoco a ninguna mujer daré
pesario abortivo, sino que, a lo largo de mi vida, ejerceré mi arte pura y
santamente.
Considero que un código tal es intrínseco a la vocación médica. ¿O no desea uno estudiar medicina para curar? Un médico ha de procurar la vida, ha de ayudar con su buen hacer a las personas que a él recurran, y no entiendo ni entenderé que por ninguna causa (tampoco la avaricia) utilicen su conocimiento para procurar la muerte.